Cómo afrontar 504

Acostumbro a colgar fotos en las redes sociales de mis sesiones de juego. Hace poco jugué mi segunda partida a 504 de Friedemann Friese y publiqué una foto del tablero al final de la partida. Con IFTTT tengo automatizada mi cuenta de Instagram para que también suba el contenido y las imágenes a Twitter y Facebook, y fue por esta última red la vía por la que el colega Quim Pérez (también bloguero en Perdedor de mesa) me pedía opinión sobre el juego.

Mi primera partida fue en la Fira JugarXJugar de Granollers en 2015, tutorizada por el mismísimo autor del pelo verde, y con amigos e ilustres como Oriol Comas y Fran F. Garea (más abajo comparto una foto que hice de la que guardo un gran recuerdo). La configuración a la que jugamos entonces fue la 123 que, según el libro de mundos de la actual versión editada en castellano por Edge, se corresponde a un juego que se podría denominar El mundo de itinerantes pioneros con tendencia al individualismo. Una de las cosas que me gustan del sistema es eso, que cada número también tiene un equivalente en forma de frase que más o menos te pone en situación de lo que te vas a encontrar... ¡no me quiero imaginar los nombres en alemán de algunas configuraciones y lo mucho que habrán sufrido algunos de los traductores de este juego!

Probando el prototipo de 504 con buenos amigos en la Feria JugarXJugar de Granollers 2015

La partida del otro día fue a la combinación 635 o El mundo de interconectados industriales rumbo a lo desconocido. La elegimos con el método propuesto por el manual de juego para elegir combinaciones aleatoriamente (mediante 9 cartas numeradas para realizar esa función). La verdad, y como le comenté a Quim, el juego resultante fue infumable: algunos privilegios eran claramente overpowered (demasiado beneficiosos) hasta el punto de dejar fuera de la partida al jugador que no los compraba en la subasta. También resultó una partida demasiado dirigida y con el peligro de que cuando el jugador que iba por delante necesitó cerrar la partida, se podía haber dado una situación sin solución (que no se llegó a dar), porque requería descubrir, colonizar y unir una sexta ciudad... cuando la mecánica del descubrimiento de losetas de terreno (ciudades, agua, bosques...) funcionaba con tiradas de dados y perfectamente podríamos haber no sacado nunca el número necesario para descubrir la sexta ciudad. Finalmente no pasó y Fran cerró y ganó la partida merecidamente.

Friese ha montado esta web para que la gente que tiene el 504 y lo juega regularmente (no es una locura, de hecho conozco un grupo de juego -el de Toni Serradesanferm en Granollers- que hace quedadas dedicadas al 504 y me consta que ya llevan unas cuantas partidas) valoren y voten sus experiencias con las diferentes combinaciones. La idea es buena pero o falta participación o somos el nicho dentro del nicho... o, simplemente, pasan las dos cosas a la vez. Por si os interesa, a día de hoy las dos combinaciones mejor valoradas son la 986 (El mundo de capitalistas empresarios con vías de comunicación) y la 237 (El mundo de infatigables industriales ávidos de reconocimiento).

Pero volviendo al qué contestar cuando te preguntan opinión sobre 504, que es lo que realmente me mueve a escribir este artículo, creo que debemos matizar siempre que 504 no es un juego, es un experimento o artefacto lúdico. Y a la hora de valorarlo debemos hacerlo como tal. A nadie se le ocurriría pedir que alguien le valore Rayuela de Cortázar como novela o Cien mil millones de poemas de Queneau como poemario. Éste último libro de poemas comparte mucha similitud formal con el libro de mundos. De hecho, no sé si Friese reconoció haberse inspirado en la modularidad de versos de Queneau para su modularidad de reglas en 504. Quizá Oriol lo sabe con certeza porque conoce muy bien la obra de Queneau y conoce personalmente a Friese... ya le preguntaré.

Cien mil millones de poemas

Si los juegos de mesa son contextodependientes, 504 lo es aún más. El grupo debe saber perfectamente lo que hay. El momento y lugar deben ser elegidos sabiendo que no hay prisas, que se requiere cierto tiempo para interiorizar las reglas genéricas del sistema y las específicas de la combinación elegida. Que el "Frankenstein lúdico" resultante puede funcionar más o menos, y que en los errores y en las virtudes está la gracia de la experiencia, recomendada especialmente para gente apasionada y que se quiera dedicar al diseño de juegos de manera amateur o profesional. Como contesté en el hilo de Facebook, no es una sesión de juego convencional... se parece mucho más a un taller de robótica donde se ensambla una "criatura" con piezas previamente sugeridas en un catálogo y, entre todos, vemos qué tal camina y se desenvuelve nuestro robotito.

Con tanta fusión y fagocitación de editoriales por parte de Asmodee, por si acaso me he pillado ya mi copia en castellano editada por Edge. Tiene pinta de ser un título de aquellos que sale una vez y no más. En la BoardGameGeek le he plantado un 8.5, que siguiendo la verbalización de las notas de esta comunidad (lo siento, los números me parecen muy fríos) un 8 es "Muy bueno. Disfruto jugándolo y lo sugeriría" y un 9 "Excelente. Disfruto mucho jugándolo". Pues el artefacto lúdico de Friedemann Friese se mueve, para mí, entre esas dos sensaciones. Sólo espero que los típicos reseñadores no aborden esta genialidad del diseño de juegos como un juego más (porque no lo es).